Marionetas

julio 6, 2008 at 9:56 pm (Filosofadas caseras, Paranoias)

El comportamiento humano es muy complejo. Tanto que ni nosotros mismos sabemos explicar el por qué de nuestros actos. El mejor ejemplo para explicaros lo que quiero decir es el estado en el que se encuentra una persona enamorada. Probablemente tú, que estás leyendo esto, te hayas enamorado alguna vez o incluso todavía lo estés.

El mito de que se puede cambiar a las personas tiene una mitad de verdad y otra de mentira. Sí, se puede cambiar a las personas, pero no voluntariamente; únicamente si esa persona se ofrece a cambiar sin saberlo ella misma. Quiero decir… si una persona te gusta, puede incluso cambiarte. Hay gente que cuando habla con “esa” persona se pone nerviosa, otros hablan más, algunos lo hacen menos… y el cambio es bueno o malo depende de la persona que lo mire.

A veces, ante los actos de nuestra media naranja, respondemos con un acto que, probablemente, con otra persona para nosotros sería inimaginable cometer. Y siempre, siempre responderemos igual ante ese acto, incluso hasta el punto de sentirnos estúpidos y pensar: “¿qué cojones hago? esto no es típico de mí.” Esa persona nos ha cambiado, para bien o para mal, pero lo ha hecho. Cuando te percatas de todo esto, ya es demasiado tarde para evitarlo e intentar ser “tú mismo”, pues has llegado a un punto en el que para ti es totalmente necesario reaccionar así, aunque intentes eludirlo, lo haces… y lo haces porque te lo pide tu cuerpo, tu corazón… o lo que sea.

Frustra, frustra y mucho cuando el corazón te pide hacer algo pero tu mente piensa que esa persona no merece ese trato, ya que tú no recibes la respuesta que esperas por su parte. Pero sigues sin poder evitarlo, y sigues llamándote “estúpido” hacia tus adentros por haberte fijado en la persona equivocada. En esa persona que te ha cambiado, que te maneja involuntariamente. Y piensas que, probablemente, si él o ella supiera todo lo que ha significado en ti, en tu forma de vida… quizá llegase a sentir lo mismo.

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